Redes sociales

twitter facebook Youtube

viernes, 1 de noviembre de 2013

Abuelito dime tú



"No soy un demente, sólo soy un excéntrico. A veces ni yo mismo me comprendo".
La nota del día pertenece a un caso excéntrico, maniaco, un poco diabólico y que me enchina la piel, nadie podía creer que un tierno abuelito de más de 65 años, con rostro , cuerpo encogido y fatigado, cabello caniento y bigote gris, ojos compasivos, como todo abuelito de cuento podía esconder una personalidad como la que reveló su informe psiquiátrico: Albert Fish fue diagnosticado con sadismo, masoquismo, castración y autocastración, exhibicionismo, voyerismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagia, fetichismo, canibalismo e hiperhedonismo.
Albert nació en el año de 1970 y su locura no fue precisamente mandada por el creador, sino que ya existían numerosos antecedentes familiares de perturbación mental, comencemos con su madre que escuchaba voces por la calle y tenía alucinaciones, dos de sus tíos internados en un psiquiátrico, una hermana demente, un hermano alcohólico entre otros.
La historia comenzó cuando Fish desde niño se sentía atraído por el por el sadomasoquismo, jugaba infligiendo dolor a los demás y sobre todo a él mismo y Seguía con atención los artículos de crímenes en la prensa, y colecciona sobre todo aquellos de los asesinos en serie caníbales, con los que se siente identificado.
Pero eso no fue todo, a los veinte años mantuvo relaciones homosexuales y ejerció la prostitución homosexual en Washington, en dónde violó a un niño y asesinó a su primera víctima, fue también en esa época en donde comenzó a sufrir alucinaciones de tipo religioso y vivió obsesionado con la idea del pecado, creyendo que la única forma posible de expiación era a través del sacrificio personal y el dolor.
Su sadismo llegó tan lejos que llegó a practicar castigos masoquistas auto mutilándose, frotando por su cuerpo desnudo rosas con espinas, hundiéndose agujas de marinero en la pelvis y en los órganos genitales...
Oficialmente, fue detenido ocho veces: la primera por tentativa de estafa, luego por robo, por pago con cheques sin fondos, por cartas obscenas a los anuncios de agencias matrimoniales de los periódicos.
Pero lo importante y lo que nos indigna como morenos es que este ancianito en alguna ocasión afirma ser Jesucristo, que San Juan le habla y que el mismo Dios le ordena cometer sacrificios humanos; por estos delitos fue internado tres veces en un hospital psiquiátrico, dejándolo salir al poco tiempo en cada ocasión tras considerar que no es peligroso ni está loco, sino que simplemente sufre una personalidad psicopática de carácter sexual. A pesar de todos estos delitos, la policía tardó nada menos que seis años para poder inculparlo por asesinato.



A su defensa Albert el abuelito, sólo pudo emitir las siguientes palabras:
"Escuchaba voces que me decían cosas y, cuando no las comprendía todas, trataba de interpretarlas con mis lecturas de la Biblia... entonces supe que debería ofrecer uno de mis hijos en sacrificio para purificarme a los ojos de Dios de las abominaciones y los pecados que he cometido. Tenía visiones de cuerpos torturados en cualquier lugar del Infierno..."
Albert Fish fue capturado por la policía el día 13 Diciembre de 1935, por medio de una carta de Fish enviada a la madre de la víctima que había secuestrado, en dónde le cuenta sus gustos delicados por el canibalismo y cómo se decidió a probar carne humana por primera vez con el cuerpo de su hija.
Cuando la madre leyó la ya mencionada carta y tras sufrir un enorme shock decidió dar parte a la policía que después de investigar la carta le siguieron la pista y lo arrestaron el ya mencionado 13 de Diciembre de 1935.
En su declaración, Albert, nuestro consentido y simpático abuelo afirmó que tras matar a la niña le corto la cabeza y partió su cuerpo en dos con una sierra a la altura del ombligo; una vez detenido, se confiesa además autor de otros muchos crímenes y demás aberraciones que había estado llevando a cabo durante toda su vida: su deseo irresistible de comer carne cruda las noches de luna llena, que le valdría el apodo de "el Maníaco de la Luna", sus crímenes más atroces, algún acto de vampirismo como el caso de un niño de 4 años al que flageló hasta que la sangre resbalaba por sus piernas, luego le cortó las orejas, la nariz y los ojos, le abrió el vientre y recogió su sangre para bebérsela a continuación, además de desmembrarlo y prepararse un estofado con las partes más tiernas.
Y aún con todo lo mencionado, Betito el abuelito declaró ante el psiquiatra explicó que por orden divina se veía obligado a torturar y matar niños, el comérselos le provocaba un éxtasis sexual muy prolongado...vaya diversión!!
También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios excrementos, y el obsceno placer que le producía introducirse trozos de algodón empapado en alcohol dentro del recto y prenderles fuego.
Durante el juicio quedó probado que realizó todo tipo de perversiones con más de 100 niños matando además a 15. En otras ocasiones había intentado introducirse agujas debajo de las uñas, pero no tardó en renunciar a ello cuando el dolor se hizo insoportable.
Por fin el día 16 de enero de 1936 el sádico anciano fue condenado a la silla eléctrica y ejecutado en la prisión de Sing Sing declarando con una sonrisa en la boca que sus víctimas habían sido por lo menos cien, llevando consigo a la tumba su más grande secreto, el número de personas que habría asesinado.
"Que alegría morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío. El único que todavía no he experimentado..."
Por: Estefanía Carranza

No hay comentarios:

Publicar un comentario