Y que nos llega de nuevo, directo al buzón de Jesús el Moreno, una carta, una expresión de agradecimiento, una historia de vida y un final de amor verdadero, es para mí un honor ser la destinataria de este escrito, pues su redactora Estefanía hoy se convierte simplemente en la presentadora de un alma hermosa y un gran corazón, me agrada pues presentar la carta de Regina, mejor conocida como Pepina, una perrita que a pesar de una terrible enfermedad, una enorme pérdida y la falta constante de apetito ha logrado sobrevivir aferrada al amor de sus dueñas, que ha viajado, ha vivido, conocido y practicado aquellos hobbies que la han hecho salir de su depresión y brindar día a día mucho amor a quienes la rodean y ven en sus ojos y en el movimiento de su colita todo el amor y la ternura más sincera y desinteresada que sólo es capaz de dar una mascota. Ésta es la historia de Pepina.
Queridos Morenos:
Debo
confesar que para mí fue muy difícil escribirles esta carta, pero
quiero compartir con todos sus lectores mi experiencia, para que
sepan que querer literalmente es poder y que el amor más que la fe
mueve montañas, esta es mi historia.
Mi
nombre es Regina, vine al mundo un día 8 de mayo del año 2001, fui
la quinta de 5 hermanos de la camada de mi adorada mamá Kiara, desde
pequeña me vi retada por la vida pues mis ojitos fueron abiertos por
las manos de mi dueña más pequeña, que siendo aún una niña se le
hizo fácil abrirme los ojitos, pues era única de mis hermanitos que
no los había abierto, pero eso fue sin duda un acto que le
agradeceré el resto de mi vida pues yo no estaba destinada a
quedarme a vivir en esa casa, con mi mamá y sus dos amorosas dueñas,
pero ella prometió que si mis ojitos tenían luz y me permitían ver
se quedarían conmigo, y así fue, vi salir de la casa a todos y cada
uno de mis hermanitos, cosa que nos partió el corazón a mi mamá y
a mí, pero en el fondo sabíamos que era lo correcto, pues era lo
mejor para ellos y no se podían quedar.
Cuando
tenía apenas algunos meses de edad sufrí de una terrible y extraña
enfermedad, mi cuerpecito se empezó a llenar de grandes bolas de
pus, obsesos enormes, como pequeñas jorobas que me hacían oler mal
y sentirme aun peor, las esperanzas que tenía de vivir eran mínimas
o casi nulas según mi veterinario, pero con mucha fuerza, amor,
dedicación y un tratamiento largo brindado por mis dueñas y mi
mamá pude salir adelante en contra de todos los pronósticos, ahí
empezó la aventura de mi vida...
Mi
mamá siempre fue una perra de mundo, educada, amaba la música,
cocinar, tocar el piano y pintar en lienzo, allí descubrí que
heredé por completo mi amor a la música, y tomábamos clases
juntas, ella de piano y yo de flauta, me enseñó el valor de la
responsabilidad, el amor y la fidelidad hacia mis dueñas, su regla
era, " demostremos en todas las formas posibles nuestro amor
hacia ellas" viajamos a muchos lados, hicimos surf en Hawái,
esquiamos en Canadá, visitamos París, éramos
muy felices juntas, por mero capricho y por darle gusto a mi mamá
tomé algunas clases de fotografía y equitación, aprendí inglés ,
y lo más importante, vivía con la mejor familia del mundo, en un
hogar en el que el amor nunca faltó.
Vino
después un reto, a los 11 años mis dueñas decidieron cambiar de
ciudad, dejábamos Zamora y nuestro hogar, en donde se albergaban
todos y cada uno de nuestros bellos recuerdos, el cambio fue
drástico, ahora estábamos en un lugar desconocido, en una casa
desconocida y con gente desconocida, pero unidas como siempre, así
pasó el primer mes y con él el mayor reto de mi vida pues hace un
año el día 18 de Septiembre murió mi mamá, ella no soportó
nuestro cambio de vida, nuestro nuevo ambiente, mi ejemplo a seguir,
mi amor eterno, ni mis dueñas ni yo podíamos creer que la vida nos
pusiera esta prueba tan difícil, nos acostábamos las tres en un
mismo cuarto con nuestros ojos llenos de lágrimas hasta quedarnos
dormidas, caí en la depresión total, la extrañaba tanto que lo
único que quería era estar con ella, ya nada me consolaba, ni mis
actividades preferidas ni el amor de mis dueñas, no tenía apetito y
con esa depresión vino otra enfermedad, el veterinario me detectó
un insuficiencia hepática, enfermedad que una vez más logré
superar, aferrándome de nuevo a la vida, porque sabía que ellas me
necesitaban en casa, para darles cariño, amor, sonrisas, así fue
como decidí viajar a Europa, conocer a la reina, visitar museos,
aprender francés, todo eso me hizo meditar y superar mi gran
depresión y regresar renovada y con toda la actitud de ser feliz con
mi familia.
Ahora
vivo feliz, sana y escondiendo galletas en la cama de mi dueña,
tomando café por las mañanas y paseando por las tardes, siempre de
la mano de ellas, a las que les debo mi amor y gratitud y a través
de este medio me es posible demostrarlo.
Recuerden
pues, lectores, que no hay reto que no se pueda superar ni meta que
no se pueda cumplir si siempre llevas amor en tu corazón.
atte.
PEPINA.
Por:
Estefanía Carranza.




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