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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Una historia de amor


Y que nos llega de nuevo, directo al buzón de Jesús el Moreno, una carta, una expresión de agradecimiento, una historia de vida y un final de amor verdadero, es para mí un honor ser la destinataria de este escrito, pues su redactora Estefanía hoy se convierte simplemente en la presentadora de un alma hermosa y un gran corazón, me agrada pues presentar la carta de Regina, mejor conocida como Pepina, una perrita que a pesar de una terrible enfermedad, una enorme pérdida y la falta constante de apetito ha logrado sobrevivir aferrada al amor de sus dueñas, que ha viajado, ha vivido, conocido y practicado aquellos hobbies que la han hecho salir de su depresión y brindar día a día mucho amor a quienes la rodean y ven en sus ojos y en el movimiento de su colita todo el amor y la ternura más sincera y desinteresada que sólo es capaz de dar una mascota. Ésta es la historia de Pepina.


Queridos Morenos:

Debo confesar que para mí fue muy difícil escribirles esta carta, pero quiero compartir con todos sus lectores mi experiencia, para que sepan que querer literalmente es poder y que el amor más que la fe mueve montañas, esta es mi historia.
Mi nombre es Regina, vine al mundo un día 8 de mayo del año 2001, fui la quinta de 5 hermanos de la camada de mi adorada mamá Kiara, desde pequeña me vi retada por la vida pues mis ojitos fueron abiertos por las manos de mi dueña más pequeña, que siendo aún una niña se le hizo fácil abrirme los ojitos, pues era única de mis hermanitos que no los había abierto, pero eso fue sin duda un acto que le agradeceré el resto de mi vida pues yo no estaba destinada a quedarme a vivir en esa casa, con mi mamá y sus dos amorosas dueñas, pero ella prometió que si mis ojitos tenían luz y me permitían ver se quedarían conmigo, y así fue, vi salir de la casa a todos y cada uno de mis hermanitos, cosa que nos partió el corazón a mi mamá y a mí, pero en el fondo sabíamos que era lo correcto, pues era lo mejor para ellos y no se podían quedar.
Cuando tenía apenas algunos meses de edad sufrí de una terrible y extraña enfermedad, mi cuerpecito se empezó a llenar de grandes bolas de pus, obsesos enormes, como pequeñas jorobas que me hacían oler mal y sentirme aun peor, las esperanzas que tenía de vivir eran mínimas o casi nulas según mi veterinario, pero con mucha fuerza, amor, dedicación y un tratamiento largo brindado por mis dueñas y mi mamá pude salir adelante en contra de todos los pronósticos, ahí empezó la aventura de mi vida...
Mi mamá siempre fue una perra de mundo, educada, amaba la música, cocinar, tocar el piano y pintar en lienzo, allí descubrí que heredé por completo mi amor a la música, y tomábamos clases juntas, ella de piano y yo de flauta, me enseñó el valor de la responsabilidad, el amor y la fidelidad hacia mis dueñas, su regla era, " demostremos en todas las formas posibles nuestro amor hacia ellas" viajamos a muchos lados, hicimos surf en Hawái, esquiamos en Canadá, visitamos París, éramos muy felices juntas, por mero capricho y por darle gusto a mi mamá tomé algunas clases de fotografía y equitación, aprendí inglés , y lo más importante, vivía con la mejor familia del mundo, en un hogar en el que el amor nunca faltó.
Vino después un reto, a los 11 años mis dueñas decidieron cambiar de ciudad, dejábamos Zamora y nuestro hogar, en donde se albergaban todos y cada uno de nuestros bellos recuerdos, el cambio fue drástico, ahora estábamos en un lugar desconocido, en una casa desconocida y con gente desconocida, pero unidas como siempre, así pasó el primer mes y con él el mayor reto de mi vida pues hace un año el día 18 de Septiembre murió mi mamá, ella no soportó nuestro cambio de vida, nuestro nuevo ambiente, mi ejemplo a seguir, mi amor eterno, ni mis dueñas ni yo podíamos creer que la vida nos pusiera esta prueba tan difícil, nos acostábamos las tres en un mismo cuarto con nuestros ojos llenos de lágrimas hasta quedarnos dormidas, caí en la depresión total, la extrañaba tanto que lo único que quería era estar con ella, ya nada me consolaba, ni mis actividades preferidas ni el amor de mis dueñas, no tenía apetito y con esa depresión vino otra enfermedad, el veterinario me detectó un insuficiencia hepática, enfermedad que una vez más logré superar, aferrándome de nuevo a la vida, porque sabía que ellas me necesitaban en casa, para darles cariño, amor, sonrisas, así fue como decidí viajar a Europa, conocer a la reina, visitar museos, aprender francés, todo eso me hizo meditar y superar mi gran depresión y regresar renovada y con toda la actitud de ser feliz con mi familia.

Ahora vivo feliz, sana y escondiendo galletas en la cama de mi dueña, tomando café por las mañanas y paseando por las tardes, siempre de la mano de ellas, a las que les debo mi amor y gratitud y a través de este medio me es posible demostrarlo.
Recuerden pues, lectores, que no hay reto que no se pueda superar ni meta que no se pueda cumplir si siempre llevas amor en tu corazón.
atte. PEPINA.

Por: Estefanía Carranza.

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